Me encanta el invierno, el frío y la nieve… a mis orejas no.
Lo pasaba mal cuando salía a la calle a disfrutar de mi clima favorito y ni gorros, ni bufandas aplacaban la congelación de esta parte del cuerpo tan delicada.
Un año, por mi cumpleaños, unos amigos me regalaron una diadema con orejeras, de esas similares a unos cascos auriculares con dos cojincillos calentitos.
Al principio iban bien, aunque mi peinado dependía de la diadema y al rato de llevarla me molestaba la presión sobre mis orejas.
En mi curiosidad por seguir innovando en una forma eficiente, cómoda y libre nacieron los Oretines, calcetines calentitos para las orejas, sin goma, sin soporte, sin que te des cuenta de que los llevas excepto por el calorcito que notas con el tejido.